miércoles, 21 de enero de 2009

Cap 2 - Luz en el crepúsculo

NOTA: Antes que nada quería responder a un comentario que me llegó en el capítulo pasado sobre la periodicidad de la publicación de esta historia. Bueno, la verdad es que es variable, en general entre una semana y dos, dependiendo de mi disponibilidad de tiempo frente al pc, porque la trama la estoy meditando siempre. Gracias a todos los que han comentado via blog, por msn, correo y en persona. Espero que sigan leyendo y que siga siendo de su gusto.
Esop por ahora. Ya algo haré con el diseño del blog para tener otro espacio donde explayarme yo en estas cosas y no interrumpir la lectura de los capitulos.

Ahora, sigan leyendo.



Cap 2
Luz en el crepúsculo


Parecía que la cabeza se me fuera a partir en dos.

Apenas si podía abrir los ojos, aún todo me daba vueltas y sentía el estómago revuelto. A mi izquierda la ventana abierta permitía que el viento entrase y revoloteara las cortinas, haciendo que el sol me llegara de forma intermitente empeorando mi dolor de cabeza. Me giré y vi que Pedro yacía a mi lado, afirmando su cabeza en su brazo como usualmente lo hacía. Me observaba con interés y una sonrisa se dibujo en su rostro cuando le quedé mirando.

-Veo que despertaste dormilón- dijo con su voz clara como siempre. Se notaba que llevaba despierto un buen rato. No pude evitar darme cuenta de lo perfecto que se veía, con el torso desnudo, su cabello revuelto y esa postura, parecía un actor de Hollywood en una película de taquilla.

-Si…creo, ¿qué hora es?- dije finalizando en un gran y prolongado bostezo.

- Son más de las dos, yo normalmente ya estaría cocinando- dijo Pedro y miro en dirección a la cocina a través de la puerta abierta como regañándose mentalmente por no estar ahí en esos momentos.

-¿Para que cocinas si puedes encargar algo?- me parecía ilógico de su parte que con las comodidades que tenía Pedro se viera forzado a cocinar.

-¿Estás loco? La comida preparada en otras partes siempre sabe fatal y creo que hay cosas mejores en que gastar el dinero, mejor que yendo a un restaurant a diario- dijo Pedro y nuevamente miró en dirección a la cocina esta vez sólo por un segundo y se volvió hacia mí para mostrarme su perfecta sonrisa digna de un comercial de Pepsodent.

- ¿Y la razón por la que no estás allá cocinando es…?- dije algo molesto, está bien que yo estuviera con resaca pero eso no le daba el deber de cuidarme como si fuera a morirme o vomitarle sus sabanas.

- Bueno, supongo que puedo sacrificar un almuerzo, la verdad es que prefería quedarme a tu lado- Su mirada me recordó algo, o alguien, pero en ese momento no fui capaz de concentrarme, me había puesto nervioso y no entendía por qué.

- Argh…de verdad me duele la cabeza- a pesar de todo, creo que el dolor de cabeza sirvió para distraerme y volver a poner mis pensamientos en orden- ¿Tienes un diclofenaco?

-Si claro, lo tengo en el baño- Pedro se levantó de un sopetón y se dirigió al baño en suit. Mientras buscaba el medicamento yo me desperezaba y meditaba sobre qué haría de ahora en adelante. Ciertamente cualquier plan incluía a mi amigo, el único que se había quedado a mi lado después del caos ocurrido. Eran mediados de Enero y quedaba aún mucho de las vacaciones de verano por delante. Cuando me encontraba meditando esto apareció Pedro con un vaso con agua y una pequeña píldora en su mano derecha.

-Ten, luces fatal- dijo y me miró preocupado.

-Discúlpame por no ser Brad Pitt, Tom Cruise, Zac Efron o Pedro Ross- dije haciendo énfasis en el último nombre antes de tomarme el Diclofenaco con un gran trago de agua.

-¿Ahora resulta que soy un actor de Hollywood?- Pedro se rió y salió por la puerta de la habitación en dirección al otro extremo del departamento.

-Más que eso…- dije en voz baja, cielos, estaba actuando tan extraño, de pronto sentía como si Pedro fuera un semi-dios, un ser perfecto, inalcanzable e inigualable. No sabía si era envidia pero sabía que quería ser como él, quizá como para estar a la par y no sentirme tan mediocre a su lado. ¿Por qué tenía que hacerme amigo de menudo tipo? Pero bueno, el siempre estaba ahí para ayudarme y de alguna forma ya era dependiente de su cariño, me sentía muy bien a su lado…ya estaba pensando como una niñita sensible y enamorada.


Esa tarde Pedro preparó el almuerzo. Unos sabrosos fetuccini con salsa Alfredo con una buena copa de vino blanco importado. Conversamos y reímos por todo. Mi madre me telefoneó después del almuerzo ya que estaba preocupada a pesar de la nota que le había dejado y me regañó por no haberla despertado para avisarle.

-Bueno, creo que yo lavaré los platos- dije después de haberle cortado a mi madre. Me arremangué y llevé los platos al fregadero.

-Mm… ¿seguro?- dijo Pedro como debatiéndose entre quitarme los platos de las manos o no.

-Seguro, créeme, a diario lavo más platos que estos en casa, no hay problema-

-Bueno, entonces me iré a dar una ducha para estar presentable en Ramuntcho- Pedro hablaba con parsimonia y al girar en dirección al dormitorio, tomó el mantel de cocina y me dio un latigazo con él en el trasero que me hizo saltar.

-¿Ah, sí? ¿Irás a la playa hoy?- intenté que la molestia y la ironía no se notaran en mi voz, el muy pelotudo iba a ir a la playa, seguramente con otros amigos y no me había invitado. O peor, quizá iba a ir con alguna mina idiota de esas que siempre andan a su cola.

-Claro, hoy planeo pasarlo in-cre-í-ble- Pedro pronunció esta última palabra sílaba a sílaba de manera que su voz saliera de sus labios al mismo tiempo que sus pies tocaban el suelo con cada paso que daba hacia la habitación. Una vez llegado al umbral de la puerta me miro con una sonrisa de oreja a oreja, quizá me veía gracioso, rojo como estaba de molesto.

-¿Con quién planeas ir?- la voz me salió seca y dura pero trate de controlarlo lo más que pude. Realmente quería saber la respuesta a mi pregunta.

-Contigo- Pedro habló y su aterciopelada voz al llegar a mis oídos hizo que el rojo generalizado de mi cara se concentrara en un intenso rubor en mis mejillas. Luego Pedro se perdió de vista en la habitación y me dejo solo en la cocina.

Me quedé paralizado. La respiración era más rápida y superficial y sentía que el pulso se me había disparado, sintiéndolo alrededor de mis orejas. El corazón se me había puesto como loco y en el estómago sentía un cosquilleo constante e inespecífico como viniendo de mis intestinos. Al fin comenzaba a entenderlo. Pronto la emoción se transformó en pánico y quise salir corriendo en ese mismo momento. Estaba sintiendo lo mismo que cuando me había enamorado de Francisca. No, esto era aún más intenso, más confuso y más nauseabundo. No podía gustarme un hombre, simplemente no era posible. Nunca antes había ocurrido. Pero ahí estaba, parado como un idiota sintiéndome emocionado y ruborizado porque mi mejor amigo me había invitado a la playa aun sin decírmelo. Lo peor era que sabía que iba a decir que sí, pues en ningún momento me preguntó. ¿Sería muy notoria mi actitud? Quería vomitar, eliminar todo mi malestar aunque fuera desagradable. Peor era como me sentía, no podía estar sintiendo eso por un hombre.

La verdad es que anteriormente, más bien en mi preadolescencia, había sentido algo por un profesor, bueno, en realidad ese sujeto me calentaba y estuve masturbándome pensando en él un tiempo. Pero luego lo dejé, lo enterré en lo más profundo de mi mente, desechando la idea. Luego solo pensé en mujeres y hasta el momento no había tenido problemas, pero ¿qué me sucedía? Mi orientación era clara, aunque no había tenido oportunidad de probar a una mujer.

Confuso como me encontraba, me encaminé a la habitación de Pedro, decidido a verificar si mi teoría era correcta. Al entrar, sentí el sonido de la ducha. Me asomé en silencio y vi que la puerta del baño se encontraba medio abierta, quizá era intencional. Tal vez Pedro quería probar hasta donde era capaz de llegar. Sólo un segundo dudé si observar o no, quizá si él comprobaba que lo miraba sería el fin de nuestra amistad. Pero sentía que tenía que hacerlo. Así que di un paso.

Ahí se encontraba él, de espaldas a mí. A través de la corredera de vidrio de la ducha, podía observar su figura con bastante detalle. Cada uno de sus músculos se dibujaba con perfección, sus glúteos parecían de una figura griega esculpida en piedra. Era perfecto. Mayor fue mi estupor al darme cuenta que estaba teniendo una erección. Esa ya era la confirmación que necesitaba. Me gustaba Pedro.

De pronto, Pedro se dio la vuelta, seguramente me había oído, pero me moví rápidamente antes de que me viera y me dirigí de vuelta a la cocina. Aún me sentía mareado y el empalme no se iba. ¿Por qué estas cosas tenían que pasarme a mí?

Los siguientes cinco minutos fueron eternos. No sé a qué velocidad me estaba funcionando el cerebro, pero en ese corto tiempo tengo que haberme figurado unas cien posibles explicaciones a mi comportamiento, dejando de lado la más obvia por supuesto. Yo no podía ser gay. Eso no era para mí, no era yo.

-Eh, Alex, ¿estás ahí?- dijo Pedro en voz alta mientras cruzaba el umbral de la puerta de su habitación. Estaba sólo en toalla y con el cabello mojado revuelto en su cabeza. Mierda, ya me estaba excitando de nuevo, pero al menos me cubría el bar.

-Aquí e-estoy- respondí entrecortadamente, sentía que me hiperventilaba. ¿Cómo era posible que jamás hubiera visto ni medio centímetro de más de la piel de Pedro el año anterior y ahora todo se aglomeraba en un día sólo para dejar mi cabeza hecha un lío?

-Bien, creo que tu también deberías darte una ducha, yo mientras me vestiré y prepararé un bolso para ambos- dijo haciéndome señas con una mano para que lo siguiera de vuelta a su cuarto. Así lo hice. Una vez hube llegado, Pedro abrió un cajón del cual sacó dos trajes de baño y me tendió uno – así no tienes que volver a tu casa por uno.

Una media hora más paso hasta que ambos estuviéramos listos. Yo me dejaba llevar por la corriente al no sentirme capaz de poder evaluar la mejor opción o de poder decir si estaba cuerdo. Equipamos el bolso con toallas y diversas cosas de primera necesidad, comida para un pequeño picnic, un quitasol y una pelota de volley. Pedro descapotó el Porsche 9ff convertible y nos subimos en él. Ahora era el turno de que Supermassive Black Hole sonara en los parlantes, mientras salíamos del edificio, directo al sol, la playa y la arena.


Tardamos menos de media hora en llegar. En el camino conversamos de cosas triviales y yo respondía solo lo necesario para no extrañar a Pedro, pero la verdad era que aún no sabía qué decir, qué hacer. Una vez en nuestro destino, lo ayudé a bajar las cosas y nos dirigimos por la arena hacia un sector algo más apartado de lo que hubiera pensado, debido a que para esa hora de la tarde ya no había mucha gente; de hecho ni siquiera habíamos bajado el quitasol, pues ya no se justificaba como si hubiera sido mediodía. Corría un viento fresco, pero el sol aún mantenía el calor. Los árboles de alrededor ayudaban a dar una sensación acogedora en la playa.

Acomodamos las toallas juntas y nos deshicimos de las ropas extra dejando solo el traje de baño y nos tumbamos con el sol calentando nuestras espaldas.

-¡Qué envidia me das!- exclamó Pedro mientras me observaba.

-A que te refieres idiota, aquí la cosa es al revés- puntualicé. A mis oídos lo que él decía me parecía un disparate.

- Tu piel siempre está blanca, como si el sol no causara ningún efecto sobre ella- al decir esto Pedro pasó su mano de forma rápida por mi brazo derecho, que era el más próximo a él, haciendo que me estremeciera. ¿Es que acaso cada palabra que saliera de sus labios y cada roce con su piel estaban destinados a licuarme la cabeza? Rápidamente, traté de recobrar el sentido.

- Si claro, solo porque paso del blanco, al rojo pancora y de vuelta al blanco; no sin antes haberme despellejado, claro- al escuchar mi respuesta, Pedro se largo a reír. Sus blancos dientes y sus labios extendidos hermoseaban aún más su persona, si era eso posible.

- Eres increíble- dijo Pedro, poniéndose de pie y tendiéndome una mano- ¿te parece si vamos a darnos un chapuzón?

Debí haberle dicho que no. El agua resultó ser más fría de lo que esperaba y se me terminaron entumeciendo las extremidades. Él, por supuesto. Se movía como pez, cual tritón por el mar, como si el frio no le afectase en lo más mínimo. Al verme que no me movía y que me tiritaba la mandíbula, se apresuró a acompañarme fuera del agua, donde la arena tibia ayudaba a recuperar la movilidad de mis extremidades.

-Lo siento- dije rápidamente mientras caminaba de vuelta a donde estaban nuestras cosas.

-¿Por qué lo dices?- dijo Pedro a mis espaldas mientras me seguía. Sin verle, sabía por su voz que se había puesto serio.

-Porque no pudiera acompañarte en el agua más tiempo- dije molesto, detestaba ser tan débil, tan inferior a él.

- Mira…-dijo Pedro tomándome por los hombros y dándome vuelta, encontrando su rostro a pocos centímetros del mío, claro que él tenía que agacharse un poco. Una mezcla de dos expresiones invadieron mi rostro: sorpresa y vergüenza- Deberías cortarla con lo de tu baja autoestima. Yo no soy más que tú. Eres apuesto, entretenido y realmente me gusta más como eres tú que todas esos tipos ABC1 que me encuentro en las reuniones de mi papá. Creo que tienes que quererte más-

-Eso lo dices porque eres mi amigo- Ahora mi rostro mostraba enojo, pero no era total, ya no me sentía capaz de molestarme mucho con Pedro.

-Alex…-dijo dándose vuelta y recorriendo sus cabellos húmedos con su mano, con la otra en su cadera. Se notaba que estaba sufriendo un debate interno. No era capaz de adivinar que iba a ser lo próximo que Pedro me diría. Se dio vuelta y me tomó del brazo por la fuerza – Acompáñame.

Le seguí, como era natural. Estuvimos caminando por la orilla hasta donde llegaban las olas en la arena. Él tuvo la consideración, claro, de caminar por el agua dejándome a mí la tibia arena. Cada vez me sentía más como una niñita consentida y eso no ayudaba a mejorar mi estado de ánimo y mis nauseas. Ya era el crepúsculo y todo se había tornado de un tono anaranjado debido a que el sol amenazaba con desaparecer dentro de poco. Me encantaba todo eso, el paisaje, la temperatura de la arena, la compañía de Pedro…

-¿Cómo es que has sabido?- dije y lo miré a la cara, esta vez con firmeza. Sus ojos negros encontraron los míos. Se veía fatal, como con algo realmente grande atorado en la garganta.

- ¿Qué cosa?- me respondió Pedro de forma retardada.

- Esto. Lo que me gustaba la playa, en este momento, el crepúsculo, el calor de la arena, la brisa… ¿Cómo es que me conoces tan bien?- No me di cuenta, pero ya nos habíamos detenido y las huellas en la arena mostraban que ya habíamos caminado bastante.

Suspiró. Yo me estremecí.

-Es solo que escucho lo que me dices, y una vez me lo mencionaste- Pedro estaba completamente quieto. Su figura era perfecta y la luz del crepúsculo se reflejaba en su piel levemente bronceada irradiando una sensación extraña, pero que me agradaba.

En ese momento me relajé, quizá ese era el momento de contarle lo que me pasaba. Un amigo que me tenía tal consideración, que siempre me escuchaba, sería capaz de comprenderme y quizá me ayudaría de algún modo. No, Pedro no me dejaría jamás por algo como lo de mi estúpido enamoramiento, mi confusión adolescente.

-Pedro…yo- empecé a articular, pero no pude terminar. Por un momento parecía que había muerto. No era capaz de sentir nada en absoluto. El ruido de las olas cesó de pronto en mis oídos y la vista se me nubló por completo a pesar de que los ojos aún los mantenía abiertos. Solo sentía el aroma del perfume de Pedro y el sabor de sus labios contra los míos.

jueves, 15 de enero de 2009

Cap 1 - Los amigos están para ayudarte

No podía dormir. Era una de esas odiosas noches de verano en las cuales un joven de mi edad preferiría pasar con unas cuantas chicas en algún club de moda. Sin embargo a mí eso simplemente no me llamaba la atención. Esperaba descansar de un tormentoso día de conflictos en casa, de ayudar a mi madre con los quehaceres del hogar y de arreglarle la vida a más de alguien. Pero el sueño no aparecía y eso me preocupaba, mi mente parecía siempre estar ocupada en algo más, especialmente ahora que me sentía significativamente solo. A lo lejos se escuchaban los ladridos de los perros y una que otra juerga. Entonces solté una carcajada al darme cuenta de que entre un perro y un ebrio no había mucha diferencia.

Comencé a dar vueltas en la cama, pensaba en cómo estaría el clima al día siguiente, pero luego reflexioné y me di cuenta de que eso ya no importaba, pues me encontraba solo. Días atrás contaba con muchos amigos y el amor de alguien. Ya no se podía decir lo mismo.

Me levanté de la cama, ya viendo inútil mis intentos por rendirme ante un Morfeo ausente. Caminé hacia la ventana de mi habitación y corrí las oscuras cortinas.

Desde un segundo piso como ése, podía observar un amplio sector, desde la puerta de mi casa hasta la plaza donde me juntaba con ella casi a diario. Pude percibir que un amago de tristeza se dibujaba en mi rostro, pero no dejaría que el fantasma de aquella chica me siguiese atormentando más tiempo. La verdad es que había sido la relación más hermosa que había tenido hasta el momento. Por primera vez me atrevía a decir las pesadas palabras "te amo" sin miedo. Ahora lo único que quería era eliminar esas palabras del vocabulario.

Me giré y me acerqué a mi mesa de noche, tomé el celular y comencé a leer una vez más un mensaje que me había llegado hace unas cuantas horas, pero que ya había leído unas diez veces. Trataba de grabarme el contenido de aquel mensaje en el cerebro, pero aún seguían pareciendo sólo palabras vacías.

"No t torturs, hay + pces n el mar, y kien sabe,
kiza uno bn gordo este + cerk d lo k crees"


Pedro siempre había sido un buen amigo, era el único que me escuchaba todo el tiempo y parecía siempre tener las palabras adecuadas para subirme el ánimo, y ahora seguía intentándolo, sin embargo aquel mensaje no servía de mucho, pues yo sabía que no habría otros peces como ella, con su dulce mirada, su piel como la nieve, su cabello dorado y esos ojos grises que tanto me hipnotizaban.

Me golpeé la mejilla derecha, estaba pensando de nuevo como un idiota, ella fue quien me traicionó, quien se aburrió de mí y quien prefirió ocuparse de sus asuntos en vez de estar juntos. Pedro debía de tener razón, al menos, siempre la había tenido desde que nos conocimos hacía más de un año entrando juntos a la universidad. Pedro siempre se había mostrado más sabio y sereno que yo, que siempre le había mirado con cierta admiración. Una y otra vez parecía sobreponerse ante cualquier cosa que pudiese ocurrir, en cambio yo... siempre me comportaba como un idiota sentimental y terminaba al lado de mi amigo, recibiendo un coscorrón y unos cuantos buenos consejos. Pero ahora no quería ir a pedirle su compañía. Esta vez no. Tenía que ser fuerte, como él, y afrontar las adversidades. El problema en esto último radicaba en que si bien el suceso con mi novia fue el golpe más duro, no fue el único. Ella se encargó de hacer ver el asunto como si ella hubiese sido la víctima y yo, el descorazonado. Me sorprendía lo manipuladoras que pueden llegar a ser las mujeres.

Seguí mirando el texto, parecía cada vez más inevitable el pensar en ella y en todas estas cosas. Así que digité aquel número que sabía de memoria y esperé a que él, mi paño de lágrimas, contestara.

- ¡Alex!- reconocí su voz al otro lado de la línea, mi corazón pareció relajarse de cierto modo de forma instantánea- hasta que al fin llamas, me tenías preocupado.

- Sí, bueno, quería apañármelas solo...- sonreí silenciosamente y me pareció que Pedro de alguna extraña forma percibió lo que pensaba pues completo mi oración.

-...solo pero no pude con todo. Si te conozco mejor que a mí mismo, hombre, de hecho, sabía que llamarías tarde o temprano, supongo que por eso no podía quedarme dormido- ambos nos reímos al percatarnos de lo cursi que sonaba todo.

- Así que parece que es verdad eso de que siempre estarás...- comencé, pero fue mi amigo quien continuó.

- ...ahí para lo que necesites-

- Entonces supongo que puedes venir a buscarme y llevarme fuera de aquí-

- Claro, sólo dame veinte minutos y estoy por allá, son recién las dos y treinta, quizá podríamos ir a beber un trago o dos por ahí, bueno, ahí nos vemos- y cortó la llamada. Dejé el celular y tomé un pedazo de papel y un lápiz y le escribí una nota a mi madre para avisarle que estaría donde Pedro y que me quedaría allá. Pedro era sin duda un ángel caído del cielo. Además de siempre escucharme y estar ahí, tenía buena situación económica, sus padres vivían en la capital por lo que siempre estaba sólo en su departamento y encima tenía auto para irme a buscar. Yo desearía tener esas posibilidades. Tomé un morral y en él eché las cosas de primera necesidad, mi celular, cargador y llaves y me marché de ahí no sin antes sacar un billete de la cartera de mi madre, lo cual no veía como un robo sino como una paga no oficializada por el trabajo de ese día.

Afuera en la calle, un joven alto me esperaba fuera de un descapotable negro. Estaba fumando un cigarrillo y me miraba directamente. Sus ojos de un negro profundo parecían querer sacar rápidamente palabras de mi boca. Frente a él, yo me sentía como un niño, si bien soy bien parecido y tengo los ojos claros, cuando andaba al lado de Pedro me veía por completo opacado. Una amiga en común nos había dicho una vez que yo tenía encanto, pero Pedro, presencia.

- Esos cigarros terminarán matándote antes de que termines la carrera- dije haciendo un ademán como disipando el humo de una forma exagerada.

- De algo hay que morir, ¿no?- entonces Pedro arrojó el cigarrillo al suelo, lo pisó y se dispuso a entrar al auto- ¿Vienes o no?

Entonces ambos subimos al automóvil. Con un breve rugido, este se puso en marcha y con un movimiento de sus dedos, la banda Muse comenzó a sonar a todo volumen, mientras yo trataba de seguir con mi voz la letra de Plug in baby.

- ¿Todo bien? – preguntó Pedro mientras enfilábamos por una de las principales arterias de la ciudad.

- ¿Cómo crees que me siento después de todo lo que pasó?- no pude evitar molestarme ante la pregunta de Pedro, si bien sabía que no podían haber malas intenciones en ello, tenía razón en hacerlo. Era obvio que no me encontraba nada de bien, por eso aún estaba despierto, por eso estaban juntos a esa hora, por algo lo había llamado.

- Eso deberías decírmelo tú, además, no es válido contestar una pregunta con otra.

- Fue duro- comencé a decir, mirando hacia mis rodillas y con el cabello revoloteando por el viento, en el asiento de copiloto- ella me dejó, así sin más, como si nunca le hubiera importado, dando sus malgastadas excusas, y dejándome como el malvado frente a nuestros conocidos…- sentía que quería llorar, pero no, ya estaba grande para eso, seguro Pedro se reiría de mí si me mostraba tan débil.

- Nunca se termina de conocer a la gente, pero al menos me tienes a mí para sacarte de tus problemas y desilusiones, relájate, que ya vamos llegando.
Atravesamos una última calle, antes de llegar a un imponente edificio que se encontraba cerca de la Universidad de Concepción, donde estudiábamos. Entramos al subterráneo con el auto y en lo intermitente de las luces fluorescentes, creí notar que Pedro me observaba con atención, como atento a cualquier movimiento que yo pudiera hacer, pero salí de mis pensamientos cuando dejé de escuchar repentinamente el motor, y me di cuenta que ya estábamos estacionados. Pedro salió del automóvil y cerró suavemente su puerta tras de él. Luego le imité y ambos nos encaminamos a tomar el ascensor. En cuestión de segundos ya nos encontrábamos frente a la puerta de su departamento.

Ahora si me sentía en casa. No recordaba haberme sentido tan relajado y liviano desde hacía ya bastante tiempo. El departamento de Pedro parecía más una Pent-House por su tamaño. Un amplio living, con el tamaño suficiente para que los muebles dejaran un gran espacio entre ellos, hermosa cocina americana en una de sus esquinas con su propio bar, lo que permitía ahí sentarse en caso de una comida rápida. Al fondo, unas amplias puertas que reconocí como la entrada para el comedor; por el otro lado, se encontraban las habitaciones, había dos de ellas, la del dueño y una pequeña atiborrada biblioteca. Siempre había admirado la capacidad de lectura y de aprendizaje de Pedro, que le hacían una persona brillantemente culta para su edad, permitiéndose conversaciones con todo tipo de personas, incluso en la alta sociedad en la cual se manejaba producto del trabajo de su padre. Frente a él, me sentía como un estúpido.

- Ponte cómodo- dijo Pedro, sentándose en un gran sofá de rojo intenso y encendiendo un nuevo cigarrillo.

- Creí que iríamos a beber algo a algún pub…- hablaba bajo, más bien para mí mismo mientras me servía un ron en el bar, sin embargo había sido escuchado.

-Supongo que preferí traerte para acá para que te emborraches con confianza y sin decoro-

- Pues sí, tienes razón- dije mirando mi vaso mientras lo agitaba y veía el revolotear de los hielos en el ron. A continuación, me lo bebí de un trago y me serví otro. Lo único que quería era olvidarme de todo, de Francisca y de mí mismo.

- Quizá deberías ir con más calma- Pedro se reía, quizá para alguien como él, mis problemas amorosos no eran más que pavadas infantiles propias de las niñas.

- Pedro…- ya comenzaba a sentir efectos del alcohol en mi cuerpo, como el calor en mis mejillas. Hablaba mientras me servía el tercer vaso – ¿nunca te has enamorado?- mi interlocutor por un momento pareció incomodarse, pero no pude estar tan seguro pues mi estado ya comenzaba a impedírmelo.

- Sí, claro que me he enamorado- Pedro dijo esto mientras se hacía a un lado para que, ya con el cuarto vaso servido, me sentara a su lado.

- Pero a ti…- puse mis ojos azules apuntando a la cara a Pedro, quien pareció extrañarse- ah, que te pregunto, obvio que a ti nunca te han pateado ni te han rechazado- a Pedro esto le hizo reír.

-¿Y qué te hace pensar que siempre he sido correspondido?-

- Bueno, el hecho de que eres inteligente, estudias medicina, tienes dinero, auto y eres atractivo- con esto, terminé mi cuarto vaso con desdén y me levante para servirme otro. Luego de esto volví a sentarme, no sin derramar unas cuantas gotas del vaso producto de mi falta de coordinación. Bebí del vaso hasta dejarlo vacío y lo deje encima de la mesa del living. Pedro me miraba con una sonrisa y se quedo callado mientras yo hacía todo esto, hasta que finalmente habló.

- ¿Así que te parezco atractivo?- Pedro afirmó su mano derecha en su frente y luego la deslizó a través de sus desordenados y oscuros cabellos. Algo había en el tono en que articuló las palabras que me hizo sentir que estaba conteniendo una risa.

- Esto…me refiero que para las chicas debes de ser atractivo…ya sabes, eres alto…y….- por alguna razón me puse nervioso y eso, sumado a la mala coordinación gracias a mi estado etílico, golpeé por error la mesita de living y el vaso vacio rodó por el suelo.

- Bueno…para que tu sepas, no a toda la gente le importa el dinero y esas cosas, además, tú también me pareces inteligente, también estudias medicina, que no se te olvide que eres compañero mío. Aunque no creo que sea un motivo de alarde en absoluto. Además también me pareces bastante atractivo.

-Ya, no seas marica- dije tratando de despejar mi mente, aunque tenía que admitir que el comentario, de una u otra forma, me había subido un poco el ánimo.

- Y tú mejor deja de beber que me vomitaras el departamento, había olvidado lo chapita que eras- Pedro se puso en pie y comenzó a caminar en dirección a su cuarto.

- Hey, ¿dónde vas?- me sentía contrariado, a pesar de lo mareado que estaba, aún no lograba suprimir mi conciencia, tenía un torrente de pensamientos caóticos que me sobrepasaban.

- Voy a mi cuarto, estoy algo cansado y quiero recostarme- Pedro siguió caminando y entró a la habitación dejando la puerta abierta tras de sí.

- Ah bueno, entonces te sigo y charlamos allá- me puse en pie y como pude me encaminé a la habitación. Casi choco con la puerta y al llegar a la amplia habitación, me abalancé sobre una cama King Size que ocupaba el centro. Había que admitirlo, esa habitación era todo lo que un universitario podría querer. Aparte de la gran cama, se encontraba en la muralla de en frente, un imponente plasma, un equipo de sonido con parlantes en las cuatro esquinas de la habitación, un closet quizá unas cuatro veces más grande que el mío, teléfono inalámbrico y un gran ventanal que daba a un pequeño balcón, ideal para fumar un cigarrillo en esas largas noches de estudio, a pesar de que yo no fumara.

- ¿Te he dicho antes lo genial que me parece tu departamento?- ya me pesaban los labios para hablar y miraba con cierta melancolía de un lado a otro de la habitación.

- No, pero quizá ahora lo digas por los tragos que te tomaste- dijo Pedro mientras se vaciaba los bolsillos y dejaba su contenido en una pequeña mesa de noche, a un lado de la cama. Sabía que mi amigo tenía razón, que yo comúnmente no haría ese tipo de comentarios, mostrando cuanto envidiaba, de la manera más sana dentro de lo posible, la vida de Pedro. Quizá se debía a que las cosas perfectas sólo ocurrían a la gente perfecta y yo, un simple Alex Rodríguez no cabía en esa categoría.

- Nunca me has dicho…- mis ojos se habían detenido finalmente, y ahora miraban a Pedro-… ¿en qué trabajan tus padres? Venirse a estudiar a otra ciudad, comprar un departamento lujoso como este, tenerlo así de amueblado, tu auto…

-Mi papá es dueño de una publicitaria en Santiago, la que hace la mayoría de los comerciales que ves por televisión abierta- Al decir esto, Pedro se sacó las zapatillas, los jeans y finalmente la camisa. Me sorprendí de ver el físico de Pedro, que delimitaba perfectamente cada músculo, sin que fuera exagerado. Hasta donde sabía, él no asistía a gimnasio alguno.

- Bueno, ¿dónde has decidido que dormirás?- Pedro ya se había introducido en la cama y ahora descansaba cómodamente con su mano izquierda sujetando su cabeza y el codo sobre la almohada, de forma de mirarme mientras seguíamos charlando.

- ¿Ah?- La verdad, no había pensado en eso

-Bueno, pues has de dormir en alguna parte- de alguna manera creí que su mirada intentaba insinuarme una idea, pero no era capaz de procesarla en mi aturdida cabeza debido al alcohol.

-Supongo que iré al sofá- me levanté de golpe y traté como pude de seguir el camino hacia la puerta, pero lo único que conseguí fue enredarme con el cobertor de la cama y acabé besando el suelo, todo me daba vueltas.

- Nope- dijo Pedro mientras se levantaba y me ayudaba a reintegrarme- creo que mejor duermes aquí, estás demasiado borracho como para llegar al living.

De alguna forma me sentí incomodo mientras me tumbaba en la cama al otro lado de Pedro. Pero me agradaba el hecho de no dormir solo esa noche, y en ese sentido se lo agradecía mucho.

- No quiero parecer tu noviecita- trataba de hablar más pero ya era un trabajo demasiado duro unir las palabras y formar una oración coherente.

- No eres mi novia idiota, pero eres mi mejor amigo, más que un amigo- Pedro aclaró. Me quitó las zapatillas, los pantalones y me arropo en la cama. La verdad es que me sentía fatal y los parpados me pesaban más de lo que era capaz de soportar. No entendía que sus palabras eran más importantes de lo que yo creía. Poco a poco fui quedándome dormido y la voz de Pedro me parecían solo susurros. Pero me relajaba y me hacía quedar aún más dormido, como si me estuviera cantando una canción de cuna.

No tengo claro lo que soñé aquella noche, solo recuerdo haber visto la silueta de Pedro y a Francisca en algún momento. Pero después de esa noche, nunca más volví a pensar en mi ex.

Azul

Los romances vienen y van, pero los amigos son para siempre, o al menos eso dicen, pero ¿qué sucede si uno de ellos convierte su amistad en romance?...y ¿qué pasa si son ambos del mismo sexo?
Azul es la historia de un amor adolescente y que relata el proceso de descubrimiento y aceptación de la condicióm homosexual, junto a todos los problemas internos, morales y sociales que esto conlleva en un adolescente.

Los invito a leerla y a participar con sus comentarios.
cualquier cosa, escriban al mail daisuke.xp@gmail.com