miércoles, 21 de enero de 2009

Cap 2 - Luz en el crepúsculo

NOTA: Antes que nada quería responder a un comentario que me llegó en el capítulo pasado sobre la periodicidad de la publicación de esta historia. Bueno, la verdad es que es variable, en general entre una semana y dos, dependiendo de mi disponibilidad de tiempo frente al pc, porque la trama la estoy meditando siempre. Gracias a todos los que han comentado via blog, por msn, correo y en persona. Espero que sigan leyendo y que siga siendo de su gusto.
Esop por ahora. Ya algo haré con el diseño del blog para tener otro espacio donde explayarme yo en estas cosas y no interrumpir la lectura de los capitulos.

Ahora, sigan leyendo.



Cap 2
Luz en el crepúsculo


Parecía que la cabeza se me fuera a partir en dos.

Apenas si podía abrir los ojos, aún todo me daba vueltas y sentía el estómago revuelto. A mi izquierda la ventana abierta permitía que el viento entrase y revoloteara las cortinas, haciendo que el sol me llegara de forma intermitente empeorando mi dolor de cabeza. Me giré y vi que Pedro yacía a mi lado, afirmando su cabeza en su brazo como usualmente lo hacía. Me observaba con interés y una sonrisa se dibujo en su rostro cuando le quedé mirando.

-Veo que despertaste dormilón- dijo con su voz clara como siempre. Se notaba que llevaba despierto un buen rato. No pude evitar darme cuenta de lo perfecto que se veía, con el torso desnudo, su cabello revuelto y esa postura, parecía un actor de Hollywood en una película de taquilla.

-Si…creo, ¿qué hora es?- dije finalizando en un gran y prolongado bostezo.

- Son más de las dos, yo normalmente ya estaría cocinando- dijo Pedro y miro en dirección a la cocina a través de la puerta abierta como regañándose mentalmente por no estar ahí en esos momentos.

-¿Para que cocinas si puedes encargar algo?- me parecía ilógico de su parte que con las comodidades que tenía Pedro se viera forzado a cocinar.

-¿Estás loco? La comida preparada en otras partes siempre sabe fatal y creo que hay cosas mejores en que gastar el dinero, mejor que yendo a un restaurant a diario- dijo Pedro y nuevamente miró en dirección a la cocina esta vez sólo por un segundo y se volvió hacia mí para mostrarme su perfecta sonrisa digna de un comercial de Pepsodent.

- ¿Y la razón por la que no estás allá cocinando es…?- dije algo molesto, está bien que yo estuviera con resaca pero eso no le daba el deber de cuidarme como si fuera a morirme o vomitarle sus sabanas.

- Bueno, supongo que puedo sacrificar un almuerzo, la verdad es que prefería quedarme a tu lado- Su mirada me recordó algo, o alguien, pero en ese momento no fui capaz de concentrarme, me había puesto nervioso y no entendía por qué.

- Argh…de verdad me duele la cabeza- a pesar de todo, creo que el dolor de cabeza sirvió para distraerme y volver a poner mis pensamientos en orden- ¿Tienes un diclofenaco?

-Si claro, lo tengo en el baño- Pedro se levantó de un sopetón y se dirigió al baño en suit. Mientras buscaba el medicamento yo me desperezaba y meditaba sobre qué haría de ahora en adelante. Ciertamente cualquier plan incluía a mi amigo, el único que se había quedado a mi lado después del caos ocurrido. Eran mediados de Enero y quedaba aún mucho de las vacaciones de verano por delante. Cuando me encontraba meditando esto apareció Pedro con un vaso con agua y una pequeña píldora en su mano derecha.

-Ten, luces fatal- dijo y me miró preocupado.

-Discúlpame por no ser Brad Pitt, Tom Cruise, Zac Efron o Pedro Ross- dije haciendo énfasis en el último nombre antes de tomarme el Diclofenaco con un gran trago de agua.

-¿Ahora resulta que soy un actor de Hollywood?- Pedro se rió y salió por la puerta de la habitación en dirección al otro extremo del departamento.

-Más que eso…- dije en voz baja, cielos, estaba actuando tan extraño, de pronto sentía como si Pedro fuera un semi-dios, un ser perfecto, inalcanzable e inigualable. No sabía si era envidia pero sabía que quería ser como él, quizá como para estar a la par y no sentirme tan mediocre a su lado. ¿Por qué tenía que hacerme amigo de menudo tipo? Pero bueno, el siempre estaba ahí para ayudarme y de alguna forma ya era dependiente de su cariño, me sentía muy bien a su lado…ya estaba pensando como una niñita sensible y enamorada.


Esa tarde Pedro preparó el almuerzo. Unos sabrosos fetuccini con salsa Alfredo con una buena copa de vino blanco importado. Conversamos y reímos por todo. Mi madre me telefoneó después del almuerzo ya que estaba preocupada a pesar de la nota que le había dejado y me regañó por no haberla despertado para avisarle.

-Bueno, creo que yo lavaré los platos- dije después de haberle cortado a mi madre. Me arremangué y llevé los platos al fregadero.

-Mm… ¿seguro?- dijo Pedro como debatiéndose entre quitarme los platos de las manos o no.

-Seguro, créeme, a diario lavo más platos que estos en casa, no hay problema-

-Bueno, entonces me iré a dar una ducha para estar presentable en Ramuntcho- Pedro hablaba con parsimonia y al girar en dirección al dormitorio, tomó el mantel de cocina y me dio un latigazo con él en el trasero que me hizo saltar.

-¿Ah, sí? ¿Irás a la playa hoy?- intenté que la molestia y la ironía no se notaran en mi voz, el muy pelotudo iba a ir a la playa, seguramente con otros amigos y no me había invitado. O peor, quizá iba a ir con alguna mina idiota de esas que siempre andan a su cola.

-Claro, hoy planeo pasarlo in-cre-í-ble- Pedro pronunció esta última palabra sílaba a sílaba de manera que su voz saliera de sus labios al mismo tiempo que sus pies tocaban el suelo con cada paso que daba hacia la habitación. Una vez llegado al umbral de la puerta me miro con una sonrisa de oreja a oreja, quizá me veía gracioso, rojo como estaba de molesto.

-¿Con quién planeas ir?- la voz me salió seca y dura pero trate de controlarlo lo más que pude. Realmente quería saber la respuesta a mi pregunta.

-Contigo- Pedro habló y su aterciopelada voz al llegar a mis oídos hizo que el rojo generalizado de mi cara se concentrara en un intenso rubor en mis mejillas. Luego Pedro se perdió de vista en la habitación y me dejo solo en la cocina.

Me quedé paralizado. La respiración era más rápida y superficial y sentía que el pulso se me había disparado, sintiéndolo alrededor de mis orejas. El corazón se me había puesto como loco y en el estómago sentía un cosquilleo constante e inespecífico como viniendo de mis intestinos. Al fin comenzaba a entenderlo. Pronto la emoción se transformó en pánico y quise salir corriendo en ese mismo momento. Estaba sintiendo lo mismo que cuando me había enamorado de Francisca. No, esto era aún más intenso, más confuso y más nauseabundo. No podía gustarme un hombre, simplemente no era posible. Nunca antes había ocurrido. Pero ahí estaba, parado como un idiota sintiéndome emocionado y ruborizado porque mi mejor amigo me había invitado a la playa aun sin decírmelo. Lo peor era que sabía que iba a decir que sí, pues en ningún momento me preguntó. ¿Sería muy notoria mi actitud? Quería vomitar, eliminar todo mi malestar aunque fuera desagradable. Peor era como me sentía, no podía estar sintiendo eso por un hombre.

La verdad es que anteriormente, más bien en mi preadolescencia, había sentido algo por un profesor, bueno, en realidad ese sujeto me calentaba y estuve masturbándome pensando en él un tiempo. Pero luego lo dejé, lo enterré en lo más profundo de mi mente, desechando la idea. Luego solo pensé en mujeres y hasta el momento no había tenido problemas, pero ¿qué me sucedía? Mi orientación era clara, aunque no había tenido oportunidad de probar a una mujer.

Confuso como me encontraba, me encaminé a la habitación de Pedro, decidido a verificar si mi teoría era correcta. Al entrar, sentí el sonido de la ducha. Me asomé en silencio y vi que la puerta del baño se encontraba medio abierta, quizá era intencional. Tal vez Pedro quería probar hasta donde era capaz de llegar. Sólo un segundo dudé si observar o no, quizá si él comprobaba que lo miraba sería el fin de nuestra amistad. Pero sentía que tenía que hacerlo. Así que di un paso.

Ahí se encontraba él, de espaldas a mí. A través de la corredera de vidrio de la ducha, podía observar su figura con bastante detalle. Cada uno de sus músculos se dibujaba con perfección, sus glúteos parecían de una figura griega esculpida en piedra. Era perfecto. Mayor fue mi estupor al darme cuenta que estaba teniendo una erección. Esa ya era la confirmación que necesitaba. Me gustaba Pedro.

De pronto, Pedro se dio la vuelta, seguramente me había oído, pero me moví rápidamente antes de que me viera y me dirigí de vuelta a la cocina. Aún me sentía mareado y el empalme no se iba. ¿Por qué estas cosas tenían que pasarme a mí?

Los siguientes cinco minutos fueron eternos. No sé a qué velocidad me estaba funcionando el cerebro, pero en ese corto tiempo tengo que haberme figurado unas cien posibles explicaciones a mi comportamiento, dejando de lado la más obvia por supuesto. Yo no podía ser gay. Eso no era para mí, no era yo.

-Eh, Alex, ¿estás ahí?- dijo Pedro en voz alta mientras cruzaba el umbral de la puerta de su habitación. Estaba sólo en toalla y con el cabello mojado revuelto en su cabeza. Mierda, ya me estaba excitando de nuevo, pero al menos me cubría el bar.

-Aquí e-estoy- respondí entrecortadamente, sentía que me hiperventilaba. ¿Cómo era posible que jamás hubiera visto ni medio centímetro de más de la piel de Pedro el año anterior y ahora todo se aglomeraba en un día sólo para dejar mi cabeza hecha un lío?

-Bien, creo que tu también deberías darte una ducha, yo mientras me vestiré y prepararé un bolso para ambos- dijo haciéndome señas con una mano para que lo siguiera de vuelta a su cuarto. Así lo hice. Una vez hube llegado, Pedro abrió un cajón del cual sacó dos trajes de baño y me tendió uno – así no tienes que volver a tu casa por uno.

Una media hora más paso hasta que ambos estuviéramos listos. Yo me dejaba llevar por la corriente al no sentirme capaz de poder evaluar la mejor opción o de poder decir si estaba cuerdo. Equipamos el bolso con toallas y diversas cosas de primera necesidad, comida para un pequeño picnic, un quitasol y una pelota de volley. Pedro descapotó el Porsche 9ff convertible y nos subimos en él. Ahora era el turno de que Supermassive Black Hole sonara en los parlantes, mientras salíamos del edificio, directo al sol, la playa y la arena.


Tardamos menos de media hora en llegar. En el camino conversamos de cosas triviales y yo respondía solo lo necesario para no extrañar a Pedro, pero la verdad era que aún no sabía qué decir, qué hacer. Una vez en nuestro destino, lo ayudé a bajar las cosas y nos dirigimos por la arena hacia un sector algo más apartado de lo que hubiera pensado, debido a que para esa hora de la tarde ya no había mucha gente; de hecho ni siquiera habíamos bajado el quitasol, pues ya no se justificaba como si hubiera sido mediodía. Corría un viento fresco, pero el sol aún mantenía el calor. Los árboles de alrededor ayudaban a dar una sensación acogedora en la playa.

Acomodamos las toallas juntas y nos deshicimos de las ropas extra dejando solo el traje de baño y nos tumbamos con el sol calentando nuestras espaldas.

-¡Qué envidia me das!- exclamó Pedro mientras me observaba.

-A que te refieres idiota, aquí la cosa es al revés- puntualicé. A mis oídos lo que él decía me parecía un disparate.

- Tu piel siempre está blanca, como si el sol no causara ningún efecto sobre ella- al decir esto Pedro pasó su mano de forma rápida por mi brazo derecho, que era el más próximo a él, haciendo que me estremeciera. ¿Es que acaso cada palabra que saliera de sus labios y cada roce con su piel estaban destinados a licuarme la cabeza? Rápidamente, traté de recobrar el sentido.

- Si claro, solo porque paso del blanco, al rojo pancora y de vuelta al blanco; no sin antes haberme despellejado, claro- al escuchar mi respuesta, Pedro se largo a reír. Sus blancos dientes y sus labios extendidos hermoseaban aún más su persona, si era eso posible.

- Eres increíble- dijo Pedro, poniéndose de pie y tendiéndome una mano- ¿te parece si vamos a darnos un chapuzón?

Debí haberle dicho que no. El agua resultó ser más fría de lo que esperaba y se me terminaron entumeciendo las extremidades. Él, por supuesto. Se movía como pez, cual tritón por el mar, como si el frio no le afectase en lo más mínimo. Al verme que no me movía y que me tiritaba la mandíbula, se apresuró a acompañarme fuera del agua, donde la arena tibia ayudaba a recuperar la movilidad de mis extremidades.

-Lo siento- dije rápidamente mientras caminaba de vuelta a donde estaban nuestras cosas.

-¿Por qué lo dices?- dijo Pedro a mis espaldas mientras me seguía. Sin verle, sabía por su voz que se había puesto serio.

-Porque no pudiera acompañarte en el agua más tiempo- dije molesto, detestaba ser tan débil, tan inferior a él.

- Mira…-dijo Pedro tomándome por los hombros y dándome vuelta, encontrando su rostro a pocos centímetros del mío, claro que él tenía que agacharse un poco. Una mezcla de dos expresiones invadieron mi rostro: sorpresa y vergüenza- Deberías cortarla con lo de tu baja autoestima. Yo no soy más que tú. Eres apuesto, entretenido y realmente me gusta más como eres tú que todas esos tipos ABC1 que me encuentro en las reuniones de mi papá. Creo que tienes que quererte más-

-Eso lo dices porque eres mi amigo- Ahora mi rostro mostraba enojo, pero no era total, ya no me sentía capaz de molestarme mucho con Pedro.

-Alex…-dijo dándose vuelta y recorriendo sus cabellos húmedos con su mano, con la otra en su cadera. Se notaba que estaba sufriendo un debate interno. No era capaz de adivinar que iba a ser lo próximo que Pedro me diría. Se dio vuelta y me tomó del brazo por la fuerza – Acompáñame.

Le seguí, como era natural. Estuvimos caminando por la orilla hasta donde llegaban las olas en la arena. Él tuvo la consideración, claro, de caminar por el agua dejándome a mí la tibia arena. Cada vez me sentía más como una niñita consentida y eso no ayudaba a mejorar mi estado de ánimo y mis nauseas. Ya era el crepúsculo y todo se había tornado de un tono anaranjado debido a que el sol amenazaba con desaparecer dentro de poco. Me encantaba todo eso, el paisaje, la temperatura de la arena, la compañía de Pedro…

-¿Cómo es que has sabido?- dije y lo miré a la cara, esta vez con firmeza. Sus ojos negros encontraron los míos. Se veía fatal, como con algo realmente grande atorado en la garganta.

- ¿Qué cosa?- me respondió Pedro de forma retardada.

- Esto. Lo que me gustaba la playa, en este momento, el crepúsculo, el calor de la arena, la brisa… ¿Cómo es que me conoces tan bien?- No me di cuenta, pero ya nos habíamos detenido y las huellas en la arena mostraban que ya habíamos caminado bastante.

Suspiró. Yo me estremecí.

-Es solo que escucho lo que me dices, y una vez me lo mencionaste- Pedro estaba completamente quieto. Su figura era perfecta y la luz del crepúsculo se reflejaba en su piel levemente bronceada irradiando una sensación extraña, pero que me agradaba.

En ese momento me relajé, quizá ese era el momento de contarle lo que me pasaba. Un amigo que me tenía tal consideración, que siempre me escuchaba, sería capaz de comprenderme y quizá me ayudaría de algún modo. No, Pedro no me dejaría jamás por algo como lo de mi estúpido enamoramiento, mi confusión adolescente.

-Pedro…yo- empecé a articular, pero no pude terminar. Por un momento parecía que había muerto. No era capaz de sentir nada en absoluto. El ruido de las olas cesó de pronto en mis oídos y la vista se me nubló por completo a pesar de que los ojos aún los mantenía abiertos. Solo sentía el aroma del perfume de Pedro y el sabor de sus labios contra los míos.

5 comentarios:

  1. *+Inserte grito** AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!
    jajaja eso es por lo ultimo xD

    entre mas leo mas me parece posible xD


    Darkla

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  2. ooooh Por Dios!!!!


    me dejaste picada!!!

    GRacias Graciasss!!! por poner este capituloo!!!

    GRaciias... ok.. sere paciente para el otro u.u

    ugh!

    ya Te amoO mi chavoO ..

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  3. ke antimorales xD hahahaha chao amistad para ellos . pero ke pasaraà ahoraa? UHuhUHuh O.o
    ke sigaaaaaaa! ><

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  4. Guaaaaaaaaahhh, por un momento creí que ibas a estirar esto indefinidamente. Ahora tengo que saber que va a pasar.

    Espero el siguiente capitulo con muchas ansias.

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  5. Daisuke (nunca te he dicho Daisuke, porque esta soy yo alegando)
    No puedes dejar esto hasta aqui! me niego!
    se todo lo que estudias y la falta de tiempo, pero te vas a conseguir un giratiempo de no se donde y vas continuar esta historia....
    y no...shhh!! sin excusas!!
    xD jajaja!! sta muy bna!!!
    me encanta que sea en Conce! lo hace mas realista y mas facil de imaginar :)

    besos!!

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